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La unidad fundamental





En el origen fue la unidad. Al principio le siguió el Caos. Al caos le siguió un nuevo principio. Y en el principio era el Verbo. Y en el principio era el Número. Y en el principio era el Sonido.

La unidad fundamental baila en un flujo de comunicación eterna. Comunica que se mueve, comunica que se transforma, que nace, que crece y que muere. La unidad se comunica en vibración y frecuencia. Se expresa en sí misma a través de su propia existencia. Está regada por todas partes, se comunica a través de todo. Cada cosa que existe, ha existido o existirá. guarda en sí misma millones de maravillas por descubrir. En las estrellas, por ejemplo, descubrimos la aritmética y descubrimos también los sueños.

La unidad fundamental nos acerca a la descripción de todo. Entender sus propiedades es para nosotros es una ventana al futuro. Es la conciencia del espacio imaginario y somos nosotros la ventana por medio de la cual el universo se observa y se comunica consigo mismo. No estamos hechos para ver la luz, sino la unidad nuclear que la luz ilumina.

Entender la estructura del tiempo y el espacio en sus unidades más fundamentales nos da perspectiva para aprender del pasado, nos permite entender el constante estado de flujo. Y en esa contemplación que es la experiencia aprendemos del presente a través de nuestra memoria y a través de nuestra esperanza adquirimos visión para aprender del futuro. Eso es la creatividad. Visión y perspectiva para contar grandes historias, historias que jamás han sido contadas.

La creatividad es una gracia de la creación misma. Nosotros no pedimos nuestra creatividad, esa viene por default junto a las ganas de crecer, soñar, jugar y compartir. La creatividad anda siempre flotando por ahí, ansiosa por ser descubierta. Quienes, en su libertad, aprenden a ubicarse en el estado de inspiración, logran descubrir a la unidad comunicándose creativamente: la puedes descubrir en las notas, en las armonías, en las palabras y en las melodías. O también la puedes descubrir en el canto del Cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces o en el color del Jade, en el enervante olor de las flores o incluso en el amor humano. Nuestra realidad es un infinito lenguaje de infinitas posibilidades.

Por eso es tan complejo el misterio, un hoyo negro sin fondo ni reglas establecidas...
los humanos siempre hemos tenido una relación complicada con el misterio, después de todo no todos reaccionamos igual frente a la incertidumbre. Sólo quienes logran tener una sana amistad con ese infinito misterio, pueden disfrutar el inmenso vértigo de la creatividad expandiéndose exponencialmente. Quienes encuentran su ritmo de inspiración, sienten que vuelan, no que caen.

La inspiración es el inicio del proceso creativo, es decidir que quieres participar de la realidad que te contiene. La inspiración se busca intuitivamente, se busca en los lugares familiares y se busca también lejos de nuestra zona de confort. «Intuitivamente» es quizás una palabra demasiado formal para llamarle a algo muy animal: el instinto. Y justo por eso es que no hay mayor creatividad que la de un niño que, por un instinto profundamente grabado en el ser, busca naturalmente el estado de inspiración creativa. Ese estado en el que la dicha está siempre al alcance de la imaginación, ese estado que es más como un santuario, un espacio seguro para crecer. Cuando lo encuentras encuentras la felicidad.

Por eso la creatividad es nuestra herramienta más potente: el ingenio, la inventiva, la imaginación...
la supervivencia... la trascendencia.

La imaginación es nuestro centro y nuestro origen, a partir del cual crecemos exponencialmente en un espiral infinito de posibilidades.

El objetivo es claro. El mismo objetivo de la unidad: comunicar, fluir, entender, filosofar, vivir, morir, vivir, morir, terminar y empezar de nuevo. La vida es así, un misterio que a unos asusta y a otros asombra. Yo doy gracias por mi capacidad de asombro, otra bella gracia de la creatividad que me fue dada como regalo de existencia.

Y al final del día, como cada quien decide cómo y en qué aplicar su ingenio, la imaginación materializada tendrá miles de millones de formas. Y cada obra será tan grande como la fuerza de voluntad de quien la imagine. Al final todo es una idea, es la idea la parte transformadora de este ciclo inagotable. Son las ideas que se comparten las que pueden tocar y marcar las vidas de las personas. Las ideas son el arte, las ideas son el diseño, las ideas son soluciones. Son el presente creándose a sí mismo frente a nuestras miradas atónitas de infantes asombrados, abrumados por nuestros intentos de entenderlo todo al mismo tiempo.

Mientras sigamos con la mirada en las estrellas, el universo nos dirá lo que nos tenga que decir. Y ahí estaremos intentándolo. Con nuestra inspiración lista, haciendo lo posible para seguir en movimiento y estar en equilibrio, resolviendo para estar bien y planeando para estar mejor. Siempre dispuestos a descubrir la mejor forma de hacer de este viaje un santuario para ser felices. Con amor, con empatía, con voluntad y con mucha, mucha creatividad.

Una vez más: Ad Astra Per Aspera



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