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Del Latín amicus; que deriva de amore

Yo no guardo mis recuerdos en vitrina, están más bien en el mismo baúl donde siempre he guardado mis juguetes; manchado de chocolate y huellas de lodo... pero nunca empolvado.
Recuerdos desordenados, unos encima de otros, así, como van cayendo.
Alguno sin brazo, sin pierna o sin nombre; mutilado sin malicia por el uso y la costumbre, pero al fin recuerdo en el baúl.

Ayer mi baúl cumplió un año menos, así que se pusieron a bailar mis recuerdos. Yo los miré distante, anonadado, silente, melancólico. Y como llorar no es lo mío, pues no hice nada, o eso pensaba, porque un relámpago imprudente capturó evidencia de una de las más sinceras sonrisas que se me han escapado entre los dientes desde el inicio de mis tiempos.

Ayer mi baúl cumplió un año más, mis felicitaciones al carpintero, qué buena mano; hasta las astillas saben a eternidad.

"Todo ha valido la pena", ¿cuál pena?, ¿quién en realidad conoce a esa señora?
Yo sé de risas, sacrificios, pérdidas y ganancias, entrega, abrazos, chistes y albures, letras y canciones, fotografías y errores, regaños, cervezas y amigos... y amigos... y amigos.
Luego entonces, yo más bien diría: "Todo ha valido lo que vale, y vale mucho".

Ayer vi a un soldado de plomo desplomarse, cuando de entre el barullo sonaron unas letras que dijeron "¡Mira!, todo lo orado, lo estudiado, lo escrito, lo amado tiene fruto". Se comparte el fruto, no la pena y sí... vale mucho.

Al baúl regresaron los grises y los cálidos colores, más no lo cierro aunque no tenga fondo, porque sé que he pedido y se me ha dado, por eso vivo agradecido disfrutando la eternidad en mis amigos.


Ayer regresé y encontré mi cuarto desordenado, como lo dejé. Y la cama destendida me recordó que soñar se disfruta más, en compañía de los amigos.

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